Historia
Los primeros habitantes de la región de
Sahuayo, así como los muchos lugares de las márgenes
del Lago de Chápala, fueron de origen azteca. Se cree que
en la peregrinación de esta raza desde Aztlán, rumbo
a la región de los grandes valles, se dividieron en varias
fracciones y en los lugares donde se asentaron, fundaron pueblos
con nombres, naturalmente, de su propio idioma, como fue el caso
de Sahuayo.
Esta región fue sometida en épocas
posteriores al imperio tarascó, por Tzitzispandácuare
cuando éstos adquirieron un fuerte predominio y los aztecas
se concentraron en el Valle de México. A la llegada de los
españoles, bajo el mando de Alonso de Avalos formó
parte de la provincia de Avalos, la cual abarcó Tuxpan, Tuzantla,
Sayula y Sahuayo. Pasó a formar parte de la encomienda de
Hernán Cortés, el cual la cedió a la vez a
Gonzalo de Galván.
La conquista espiritual la hicieron los frailes
de la orden de San Francisco y se atribuye a Fray Juan de Badia.
Para 1540 Sahuayo dependía eclesiásticamente de Jiquilpan.
En 1555, pasó a pertenecer a Jacona y en 1570, al convertirse
Ixtlán en Parroquia secular, pasó a formar parte de
ella junto con Caro, Guarachita y Cojumatlán. Dependía
civilmente de Zamora.
A partir de 1545, en la región se da una
expansión de españoles, los cuales se establecen en
la tierra de los naturales despojándolos. En 1567, el Marqués
de Folces repartió esta región para estancias ganaderas
de españoles. A fines del siglo XVI, se da el acaparamiento
de tierras más grande de la región. El caso de la
hacienda de Guaracha, que a través de despojos y compraventas
ilegales de tierras indígenas o absorbiendo a las comunidades
dejando sus terrenos dentro de la hacienda para obtener fuerza de
trabajo, logró conformar al latifundio más grande
del occidente de Michoacán y abarcó entre otros lugares:
Copándaro, Cuztla, La Palma, Cojumatlán, Chavinda,
Buenavista, etc.
En 1643, el zamorano Pedro de Salada tuvo oportunidad
de legalizar sus despojos de tierras y establecer legalmente la
hacienda de Guaracha. Durante la época de la colonia, la
población local sufrió el azote de las pestes, por
lo que disminuyó considerablemente. Ante ello, la hacienda
se vio en la necesidad de introducir esclavos negros, generando
la creación de nuevas costas en la zona. A principios del
siglo XVIII, la hacienda cambia de dueño y de administración,
inaugurándose así un régimen de terror que
va a prevalecer hasta la disolución de la hacienda.
En 1765, el curato de Sahuayo comprendía
cuatro pueblos de indios, Sahuayo, que era la cabecera, San Pedro
Caro, Santa María Asunción de Xuquimatlán y
San Miguel Guarachita. Durante la guerra de independencia, los sahuayenses
dieron un gran contingente de hombres para la lucha en favor de
la libertad, ya que tomaron parte de la defensa del puerto o isla
de Mezcala, al lado del cura Castellanos, que era de la región.
La hacienda de Guaracha participó activamente al lado del
bando realista, por lo que los insurgentes la asaltaron varias veces.
Sahuayo se constituyó en municipio por Ley del 10 de diciembre
de 1831.
Durante la época de la Reforma, fue refugio de los conservadores,
teniendo un gran cambio en 1861, en que fue vendida la mitad de
la hacienda de Guaracha, a más de 50 compradores, por la
dueña Doña Antonia Moreno de Depayre. La parte vendida
fue la del occidente de la Laguna y Cojumatlán. Surgen así
nuevos propietarios, dueños de grandes capitales. Durante
la intervención francesa, la población fue escenario
de encuentros entre franceses y republicanos, fue tomada y saqueada
por uno y otro bando. El 13 de abril de 1891, su cabecera fue elevada
al rango de Villa con el nombre de Sahuayo de Porfirio Díaz.
En la época porfirista Sahuayo padeció
nuevamente por las pestes, a la par se introducían mejoras
materiales tanto en la población como en la infraestructura
agrícola. El dueño de la hacienda de Guaracha construyó
la presa de San Agustín, un ingenio moderno y consiguió
que el ferrocarril llegara a la hacienda en 1901. Surgen grupos
de arrieros, artesanos y comerciantes.
Para 1905 se inició la desecación
de la laguna de Chápala, que incrementó la riqueza
de los terratenientes de la zona, que obtuvieron más tierras
y aprovecharon para terminar de despojar a los campesinos o de denominarlos
mediante el control del agua. Para 1912 la población sufrió
la ruptura del bordo que desecó la región. Esto, además
de otros estragos naturales, impidieron la participación
inmediata de la revolución. Es hasta el año de 1916
y 1920 que se involucra al movimiento revolucionario. La población
tendrá una participación activa durante el conflicto
religioso de los cristeros.
Después de la solución al conflicto
religioso cristero, se da a través del cura local, la campaña
contra el agrarismo, intimidando a los campesinos que intentaban
recuperar sus tierras, siendo hasta 1930, cuando el Gobernador Lázaro
Cárdenas, da una primera resolución para repartir
parte de la hacienda a campesinos de Sahuayo. Posteriormente, en
el año de 1936, estando Cárdenas en la Presidencia
de la República, se ordena el reparto, entre los campesinos,
de las tierras de la hacienda. Se funda el ejido Emiliano Zapata.
El 28 de noviembre de 1952, por su desarrollo económico,
se le otorga a Sahuayo el título de Ciudad y para 1967, se
le cambio el apellido de Díaz por el del gran héroe
de la independencia quedando Sahuayo de José María
Morelos.
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